Heinrich von Kleist

| September 7th, 2007

Pentesilea 

La suma sacerdotisa

¡Ay, dioses inmortales, cuán frágil es la criatura humana! Esta que aquí yace aniquilada, no hace mucho que, ebria de orgullo, remontaba vuelo hasta la más altas cimas de la vida.

Protoé

¡Pereció porque había florecido con demasiado vigor y orgullo! La encina ya muerta y seca resiste el temporal, mas los árboles sanos y vigorosos son descuajados, porque su espesa copa es fácil presa de la furia de la tormenta.

Heinrich von Kleist

| January 20th, 2007

Consideraciones sobre el curso del mundo  

 

Gente hay que se representa las épocas del progreso educativo de una nación en un orden harto peregrino. Se figuran que un pueblo yace primero abatido en bestial barbarie y salvajismo; que, después de algún tiempo, se siente la necesidad de un mejoramiento de las costumbres, y para ello tiene que ser formulada la ciencia de la virtud; que, para que los profesores de la misma hallen acceso a ella, se piensa en hacerla encarnar en bellos ejemplos, y por ello se inventa la estética; que a partir de entonces se elaboran hermosas representaciones de acuerdo con los preceptos de la misma, y con ello origínase el arte; y que por último el pueblo, por medio del arte, es elevado al más alto nivel de cultura humana. Entérese esa gente de que todo -al menos entre los griegos y los romanos- sucedió en orden inverso. Estos pueblos se estrenaron con la época heroica, que sin lugar a dudas es la más alta que puede alcanzarse; cuando ya no tenían héroes en ninguna virtud cívica ni humana, los inventaron como figuras artísticas; cuando ya no eran capaces de crear arte, inventaron las reglas para ello; y cuando hubieron cumplido lo anterior, se corrompieron por completo.